Packaging retail ready: cómo diseñar cajas que llegan del almacén al lineal
El packaging secundario ya no tiene que cumplir únicamente una función logística. En determinados canales de distribución, la propia caja de transporte puede convertirse en parte de la presentación del producto.
Es lo que se conoce como retail ready packaging o shelf ready packaging: soluciones diseñadas para que el producto pueda pasar del transporte a la exposición en tienda con la menor manipulación posible.
El concepto está ganando importancia porque permite trabajar al mismo tiempo aspectos logísticos, operativos y comerciales. Informes recientes del sector señalan precisamente la reducción del tiempo de reposición, la presentación homogénea y la eficiencia en tienda como algunos de los principales motivos para su desarrollo.
Una caja que no termina cuando llega a la tienda
Tradicionalmente, una caja podía tener una función muy clara: proteger y transportar.
Una vez que llegaba al almacén o al establecimiento, se abría, se retiraba el producto y el packaging secundario dejaba de tener importancia.
Con el retail ready packaging el planteamiento cambia.
La caja se diseña para que pueda abrirse de una determinada manera, mantener los productos correctamente colocados y facilitar su exposición directamente en el punto de venta.
Eso significa que el diseño estructural tiene que tener en cuenta lo que ocurre después del transporte.
Menos manipulación, más eficiencia
En supermercados, tiendas de conveniencia y otros formatos de retail, reponer producto puede consumir una cantidad importante de tiempo.
Si el trabajador tiene que abrir una caja, retirar protecciones, sacar unidades, recolocarlas y después gestionar el embalaje vacío, existen varios pasos que podrían simplificarse.
Un packaging retail ready busca reducir precisamente esas operaciones.
La caja puede incorporar zonas de apertura rápida, sistemas de separación o una estructura que permita retirar una parte del embalaje y dejar el producto preparado para su exposición.
No es solamente una cuestión estética. Es diseño aplicado a la operativa.
El reto está en diseñar para dos momentos diferentes
Uno de los aspectos más interesantes de este tipo de packaging es que tiene que funcionar en dos escenarios muy distintos.
Durante el transporte debe ser suficientemente resistente, estable y eficiente para soportar manipulación, apilado y almacenamiento.
En el punto de venta debe transformarse en una solución sencilla de abrir, colocar y mantener.
Por eso, pequeños detalles estructurales pueden tener mucha importancia: la posición de un troquel, la altura de una pared, el sistema de cierre o la forma en la que se separa una parte de la caja.
El packaging deja de diseñarse únicamente para el producto y empieza a diseñarse también para las personas y procesos que lo manipulan.
No todas las cajas necesitan convertirse en expositores
Esto también es importante.
Retail ready packaging no significa que cualquier caja tenga que convertirse en un expositor llamativo.
La solución depende del producto, del canal de distribución, de cómo se transporta, de cómo se almacena y de cómo se repone.
En algunos casos será suficiente con facilitar la apertura y extracción del producto. En otros, puede tener sentido que la propia caja actúe como expositor.
La clave está en encontrar el equilibrio entre protección, coste, fabricación, transporte y facilidad de uso.
El diseño estructural gana importancia
Este tipo de proyectos demuestra algo que muchas veces pasa desapercibido: el packaging no empieza en el diseño gráfico.
Antes de pensar en colores, imágenes o acabados hay que resolver cómo se va a comportar físicamente el envase.
Un buen desarrollo estructural permite estudiar el plegado, el montaje, el apilado, la apertura y la exposición antes de producir grandes cantidades.
Y cuanto más compleja sea la cadena de distribución, más importante resulta hacerlo desde el principio.
Del embalaje al punto de venta
El retail ready packaging representa una evolución interesante del packaging tradicional.
Una misma solución puede proteger el producto durante el transporte, facilitar su manipulación en el almacén y terminar funcionando como soporte de exposición en la tienda.
Es decir, el packaging deja de ser un elemento que acompaña al producto para convertirse en una pieza más de la operación comercial.
Y ahí es donde el diseño estructural, la impresión y la fabricación tienen que trabajar juntos.





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