El packaging que lleva información que el consumidor no puede ver
Una nueva capa de información en el envase
Imagina una caja, una etiqueta o un envase completamente normal. El consumidor la observa y no encuentra ningún código visible ni ningún elemento tecnológico.
Sin embargo, su superficie contiene información digital.
Es lo que ocurre con las marcas de agua digitales, una tecnología que está siendo desarrollada para incorporar códigos prácticamente imperceptibles en el propio diseño del packaging. Estos códigos pueden contener información sobre el material, la composición o el tipo de producto.
El objetivo va mucho más allá de conectar una marca con el consumidor.
La idea es que el propio packaging pueda «explicarle» a una máquina cómo debe ser clasificado cuando llegue al final de su vida útil.
¿Cómo funciona una marca de agua digital?
A diferencia de un código QR convencional, la marca de agua digital puede distribuirse por toda la superficie del envase y no necesita ser visible para el consumidor.
Cuando el packaging llega a una planta de clasificación, cámaras de alta resolución pueden detectar ese patrón y extraer la información almacenada.
Entre los datos que puede contener se encuentran:
- Tipo de material.
- Composición del envase.
- Fabricante.
- Referencia o SKU.
- Uso alimentario o no alimentario.
- Información relacionada con su reciclabilidad.
La tecnología permite así transformar un envase aparentemente convencional en un objeto identificable digitalmente.
¿Por qué puede cambiar el reciclaje?
Uno de los problemas de los sistemas actuales de reciclaje es que la clasificación depende en gran medida de identificar correctamente los diferentes materiales.
Cuanto más precisa sea esa clasificación, mayor será la posibilidad de obtener fracciones de residuos de mejor calidad.
Las pruebas realizadas dentro de HolyGrail 2.0 demostraron la viabilidad de detectar estas marcas mediante cámaras instaladas en las líneas de clasificación. El proyecto llegó a alcanzar el nivel de tecnología probado en un entorno operativo real.
Esto abre una posibilidad muy interesante: que en el futuro una máquina no tenga que limitarse a reconocer que está viendo «un envase», sino que pueda saber exactamente qué es, de qué está compuesto y a qué flujo de reciclaje debería dirigirse.
Del packaging inteligente al packaging identificable
Aquí está uno de los cambios más interesantes.
Cuando hablamos de smart packaging solemos pensar en NFC, RFID, sensores o códigos QR destinados al consumidor.
Las marcas de agua digitales plantean otra perspectiva: hacer inteligente el packaging para mejorar los procesos que ocurren después de su consumo.
El usuario puede no interactuar nunca con esa tecnología.
Y, sin embargo, puede aportar valor a toda la cadena de gestión del residuo.
La impresión vuelve a adquirir un papel protagonista
Esta tecnología también demuestra que el futuro del packaging no pasa necesariamente por añadir componentes electrónicos visibles.
En determinados casos, la propia impresión puede convertirse en el vehículo de información digital.
La marca de agua se integra en el artwork del packaging y puede mantener prácticamente intacta la apariencia que ha diseñado la marca.
Esto abre un campo especialmente interesante para el sector gráfico: el envase puede seguir siendo visualmente atractivo mientras incorpora una nueva capa de información destinada a máquinas y sistemas digitales.
¿Y qué puede significar para las marcas?
Si estas tecnologías se extienden, el packaging podría desempeñar simultáneamente varias funciones:
Presentar el producto.
Protegerlo.
Comunicar con el consumidor.
Aportar información a la cadena logística.
Y facilitar su correcta clasificación al final de su vida útil.
Es decir, un mismo envase podría conectar diferentes etapas de su ciclo de vida sin necesidad de modificar radicalmente su apariencia.
El packaging empieza a hablar con las máquinas
La evolución del packaging está llevando a una situación curiosa.
Durante décadas, el envase se diseñó principalmente para que lo entendieran las personas.
Ahora también empieza a diseñarse para que lo puedan interpretar las máquinas.
Y quizá ahí esté una de las próximas grandes transformaciones del sector: envases que no solo comunican a quien los compra, sino también a los sistemas automatizados que los gestionan después.
El packaging del futuro puede que no necesite mostrar toda la información.
Quizá simplemente necesite saber dónde esconderla.





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